Emma Claus

Venganza

C.J. Torres es un escritor y guionista cartagenero. El trabajo literario con el que se dio a conocer fue El Mundo de Mariana. Este último dirigido al público infantil, aunque no se le puede encasillar en ningún subgénero narrativo, pues ha escrito novela juvenil, de fantasía y con Venganza debuta en la criminal.

La obra está dividida en trece capítulos cortos, titulados y con información de la fecha en la cual se desarrolla, así el lector se ubica en el tiempo interno. Esto es clave para ir armando el rompecabezas de los hechos misteriosos que configuran su trama. Está contada por un narrador omnisciente que no se guarda ningún detalle, por más crudo que este sea. Describe con claridad gestos, movimientos, sensaciones que nos sumergen en su universo sombrío y podrido. No existe la censura en sus palabras y con ello provoca en el lector una agonía parecida a la de su protagonista: “Katia no reacciona, entonces la agarra por la cintura, le mete las manos por debajo de la falda, de un solo tirón se deshace de sus pantaletas, y sin decir una palabra, la penetra, la viola, la despoja de cualquier resquicio de dignidad que aún tuviera la osadía de vivir en ella”.

Venganza narra los días oscuros de Katia, una mujer que debe soportar los maltratos físicos y psicológicos constantes por parte de su esposo Remberto, que es el comisario de San Juan, lugar ficticio donde se desarrollan los acontecimientos. Katia se encuentra atrapada entre los golpes y los comportamientos psicóticos de su marido, además rodeada de la indiferencia de la gente de San Juan. En completa desesperación, ella idea un plan para por fin liberarse de su verdugo.

El desarrollo de la acción es rápido, violento. La motivación de los crímenes está siempre relacionada con la debilidad humana: odio, codicia, lujuria, ansia de poder. La atmósfera en la que se desarrolla es oscura, insegura, de injusticia social y corrupción: “Remberto le pidió a los dos patrulleros que colocaran el cadáver de tal forma que pareciera que la mujer estaba esperándolo en la puerta delantera, así que la vistieron con el camuflado, le pusieron botas pantaneras, la recostaron contra la puerta, le pusieron un arma en su mano derecha, y le quitaron todos los documentos”.

Desde el primer capítulo de Venganza sentí el peso de la realidad en cada palabra, en cada imagen que iba creando nítida en mi cabeza y que me resultaba dolorosa, destructiva, espantosa: “Remberto con el calor impregnado en cada poro de su cuerpo, cubierto de barro y sangre hasta debajo de las uñas, terminó de cavar una zanja en el patio de su casa, lo suficientemente grande para enterrar los dos cuerpos que tenía forrados con bolsas negras y cinta de enmascarar en el piso de la sala, justo de tras de los muebles”. No pude evitar ser testigo de las golpizas, de las palabras odiosas que salían de Remberto y que socavaban profundo en la decencia de Katia. Me costó mucho seguir leyendo y abandonar la idea de que habitan en este planeta muchos Rembertos y por desgracia demasiadas Katias: “Entre tanto, ella con la boca reventada, la cara sin espacio para otro moretón y los ojos inundados en lágrimas esperó, de la mano de la desgracia, el desenlace de siempre”.

Venganza me tomó por el cuello y no me soltó. Su estructura circular y anacrónica me mantuvo pegada a sus letras, leyendo, viviendo y tomando decisiones que deseé para los protagonistas. Traté en vano de que cambiara su mala suerte, en discusiones infructuosas en mis pensamientos que, en definitiva, fueron estériles, ya que hiciera lo que hiciera, el destino de sus personajes ya estaba escrito y publicado. Es justo esta forma de enlazar los acontecimientos uno de los principales aciertos de la obra, ya que mantiene el interés del lector en conocer el porqué de la oscuridad y desesperanza de sus héroes. Poco a poco, descubrí los precedentes de la historia. Entonces, paré de juzgarlos. Concluí que para muchos no hay alternativas. Que esa es la vida que les tocó y que no tienen más opción que planear el escape, arriesgarse a ejecutarlo y morir en el intento o resignarse a perder la batalla sin ni siquiera dar la pelea. Convertirse en un número más de las estadísticas sin rostro, archivadas y cubiertas por el polvo de la impunidad.

En ocasiones, mientras leo, sé que lo que está en el libro es ficción. Que todo lo que ocurre allí solo respira en mi imaginación, en el mundo intangible que el autor ha creado, pero este no es el caso de Venganza, no solo porque está basada en un caso real, sino porque estos sucesos se repiten, cotidianos, para muchas mujeres en todo el planeta: la violencia de género.

Acerca de la edición, quiero agregar que es uno de los puntos negativos de este libro. Esta novela merece el mejor tratamiento, para que se aprecie con nitidez su valor literario. Cruzo los dedos para que pronto se dé una reedición.

Opino que Venganza es una obra cruel, pero al mismo tiempo gallarda. La recomiendo. Su lectura es un testimonio invaluable de este flagelo sin tiempo, que es la violencia contra la mujer. Estoy segura es una de esas lecturas que regresan a la memoria, una y otra vez, durante toda la vida.

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