En esta reseña de Conversaciones con mi gata Simona, de Olgalucía Gaviria Ángel, exploramos una obra espiritual que reflexiona sobre el silencio, la intuición y la búsqueda interior.
El misticismo en la obra de Olgalucía Gaviria Ángel
Este es el quinto libro que leo de Olgalucía Gaviria Ángel (Bogotá, 1954) y hay algo que siempre encuentro en ellos: misticismo. En orden de creación esta es su segunda obra y percibo la evolución que ha tenido en la acción de escribir, y prefiero expresarlo así: acción de escribir, porque lo que Gaviria Ángel ha logrado es porque escribe, escribe y escribe.
¿De qué trata Conversaciones con mi gata Simona?
Desde el inicio de Conversaciones con mi gata Simona, la autora nos propone un pacto poco convencional: no es ella quien escribe, sino que transcribe. La voz que guía el libro —dice— viene de su gata Simona, mediada por una experiencia de canalización en la que también aparece la figura de su padre. Este punto puede incomodar a lectores más escépticos; sin embargo, si uno logra atravesar esa primera barrera racional, descubre que el verdadero corazón del texto no está en la literalidad del fenómeno sino en la metáfora: Simona es conciencia, intuición, maestra interior.
El libro está construido como una sucesión de diálogos breves, cápsulas espirituales. Cada capítulo aborda un tema —el silencio, el tiempo, la felicidad, la soledad, el propósito, la maternidad, la depresión, el amor, el nirvana— desde una mirada en apariencia simple, porque todos la entendemos, pero compleja para llevarla a la acción. Simona habla como los sabios: con frases cortas, directas, sin retórica innecesaria. Olgalu, como la llama su gata, responde como todos: con dudas, cansancio, anhelo de entender.

El simbolismo del gato como conciencia interior
Uno de los grandes aciertos del libro es el uso del gato como símbolo. No es casual que, en tantas culturas, el gato represente misterio, independencia, intuición y conexión con lo invisible. Aquí, Simona encarna el “estar”. Ella vive en el presente absoluto. No tiene prisa, no tiene culpa, no tiene pasado ni futuro. En contraste, la voz humana está llena de preguntas: ¿quién soy?, ¿cuál es mi propósito?, ¿cómo ser feliz?
Silencio y espiritualidad
El silencio es quizá el eje más potente del texto. “El silencio es la verdadera música del alma”, dice Simona. Y esa frase resume el tono del libro: contemplativo, pausado, una invitación constante a detenerse. En una época saturada de ruido —redes sociales, notificaciones, urgencias— la propuesta de la autora es radical en su sencillez: parar. Escuchar el corazón. Respirar.
El capítulo sobre la inteligencia artificial introduce un contraste entre lo mecánico y lo vivo: una “gata artificial” puede imitar el ronroneo, pero no tiene corazón. Es una reflexión sencilla, ingenua, pero pertinente en un mundo donde la tecnología busca reemplazar vínculos. La autora no condena el avance tecnológico; más bien reafirma la importancia de lo orgánico, del afecto real, del contacto.
En la segunda parte de la obra, el formato cambia: los textos se vuelven más poéticos, más fragmentarios. “Simona y la amistad”, “Simona y la maternidad”, “Simona y la depresión”… son pequeñas meditaciones que bordean la autoayuda, pero sin caer del todo en el manual. Hay repetición de ideas —presente, luz, equilibrio, gratitud— y esto puede sentirse reiterativo para algunos lectores. Sin embargo, también es coherente con la lógica espiritual del libro: las verdades importantes se repiten hasta que las integramos a la cotidianidad.
¿Vale la pena leer Conversaciones con mi gata Simona?
Literariamente, la obra no busca complejidad estructural ni profundidad filosófica académica. Su fuerza está en la honestidad emocional. Es un libro íntimo, confesional. Se percibe como un diario espiritual compartido con una gata que funciona como espejo. Y tal vez esa sea su mayor virtud: Simona no enseña nada que Olgalucía no tenga ya dentro. Es la voz interior dialogando consigo misma.
Simona es silencio, es presencia, es intuición. La autora es búsqueda, es duda, es camino. Entre ambas se construye un puente que invita al lector a preguntarse: ¿qué me diría mi propia Simona si la escuchara?
Conversaciones con mi gata Simona no pretende convencer; propone reflexionar. No argumenta; sugiere. No impone; acompaña. Es un libro para leer despacio y muchas veces, tal vez como un manual para empezar a meditar, a disfrutar de las cosas sencillas de la vida y que ya la mayoría de nosotros tiene. Y, sobre todo, es un recordatorio amable de algo que olvidamos con frecuencia: todo lo que buscamos afuera —felicidad, propósito, paz— empieza en el silencio interior.
Si quieres profundizar en la obra de Olgalucía Gaviria Ángel y comprender mejor la evolución de su misticismo literario, te invito a leer también mis reseñas de sus otros libros:
Leídas en conjunto, estas obras permiten apreciar con mayor claridad la coherencia de su universo espiritual, la persistencia de temas como la conciencia, el silencio y la búsqueda interior, así como el proceso de maduración de su escritura.
Conversaciones con mi gata Simona no es un libro aislado dentro de su trayectoria, sino una pieza más en un camino narrativo que invita constantemente a mirar hacia adentro.





